Muchas veces nos preguntamos a nosotros mismos cuál es el secreto para alcanzar la felicidad. Buscamos en los lugares equivocados, derrochando bienes, comprando, consumiendo sin parar. Hay un gran número de personas las cuales invierten una cantidad considerable de dinero en busca de dicha felicidad. aquello por lo cual trabajan tanto por encontrar, está en frente de sus narices. Y si, los ingresos son clave al momento de determinar si brindan o no felicidad, mas lo realmente importante es en qué nos gastamos esos recursos, pero no su posesión. Michael Norton, uno de los pioneros en esta perspectiva, da su opinión afirmando: el dinero si da felicidad, sólo si se gasta en los demás y no en uno mismo.
Los seres humanos tenemos impulsos contrapuestos que nos llevan a sentir y a actuar de determinada manera. Por ejemplo, el placer experimentado al golpear a una persona puede llegar a ser el mismo placer que se siente al ayudarla. La naturaleza de nuestro actuar va ligada a quienes somos y a nuestros corazones. Al final del día siempre los sentimientos genuinos brotan y se conoce el verdadero tu y el verdadero yo. Somos capaces de mucho mal, si. Pero también somos muy capaces de hacer el bien, darle a los demás y ayudar al prójimo.
Adicional a esto de los impulsos, y de nuestras capacidades tanto buenas como malas, somos un poco sencillos al momento de analizar nuestro rol en la sociedad y nuestra satisfacción con ese rol. Si bien, estamos comprometidos a siempre mejorar en todos los ámbitos de nuestra vida, se nos dificulta demasiado lograr cuantificar esos logros o fracasos. Es precisamente por esto, que equivocadamente utilizamos el dinero como un referente de éxito y felicidad. Se ha demostrado: ganando el doble, no se es el doble de feliz.
Pero, ¿Por qué en un mundo capitalista y de consumo masivo, el dinero no aporta tanta felicidad? Esta es una pregunta sencilla de responder. Ya tenemos lo suficiente para ser felices, pero no lo suficiente para ser felices a los demás. Teniendo esto en cuenta, cada vez en que se ayude a alguien con gastos, o regale algo sin obtener nada a cambio, se sentirá una tranquilidad y paz interior la cual no existe normalmente cuando gastamos para nosotros mismos. Pasa a segundo plano lo material, y es ahi cuando las emociones entran a jugar un excelente papel.
Compartir refuerza el sentimiento de grupo. Si hay un vínculo entre las personas donde se den espacios para participar de las actividades y amistades de cada uno, es posible desarrollar más alegría. Funciona algo así como un efecto dominó, donde una ficha cae y por consecuencia cae la otra. De igual manera, al hacer algo bueno gastando nuestro dinero en otras personas, la cadena se repite. Adoptamos comportamientos similares y una persona se contagia inevitablemente del sentimiento genuino producido en nuestra alma al compartir lo nuestro con los demás.
Este efecto dominó de tener la intención de hacer algo bueno y promoverlo hasta lograr su propagación, nace de una de las necesidades humanas básicas: encajar. Teniendo el cuenta el mundo globalizado en donde habitamos, los sentimientos se han ido acoplando a los avances tecnológicos. La proximidad experimentada cuando estás cerca a ese alguien especial puede llegar a ser tan real y fuerte como si no estuviera esa persona presente. Un click, un mensaje, un video, son todos ejemplos de situaciones de adaptación al entorno sin perder comunicación. La necesidad de encajar nos dirige hacia estos comportamientos, los cuales en resumen aportan mucha felicidad.
Nunca se han preguntado ¿Por qué en medio de nuestras ocupaciones siempre chequeamos alguna red social, o nos detenemos a conversar con alguien? Aparte de la respuesta obvia que es: no somos robots, también existe otra razón y es cuánto disfrutamos la cercanía de otras personas. Nos gusta sentirnos acompañados, lo cual brinda una sensación de satisfacción personal necesaria para poder continuar con nuestras tareas del día a día. Crecer en comunidad, por ejemplo, es uno de los elementos clave para la felicidad.
Es precisamente el altruismo el fenómeno por el cual se describe mejor esta situación. Según la RAE el altruismo es la “diligencia de procurar el bien ajeno aun a costa del propio”. De manera errónea buscamos en nosotros mismos lo que deberíamos buscar en otros. No existe la perfección ni la felicidad absoluta, pero actitudes altruistas si brindan a quien las adopta un sentimiento muy cercano a ese. Es la herramienta del progreso y del bienestar como comunidad. Cuando pensamos en que nuestros derechos empiezan cuando terminan los del otro, por ejemplo, propiciamos un ambiente ameno y eso nos hace sentir mejor. No son los bienes materiales los que sostienen la estabilidad emocional de las personas si no los bienes intangibles como lo son la generosidad, tolerancia y solidaridad hacia el otro.
Por otro lado, se debe tener en cuenta las características fisiológicas que afectan la felicidad. Existe algo llamado “el punto nodal de la felicidad” lo cual determina tu mitad disposición a ser feliz y es genético. el 40% de tu felicidad, depende de ti. El punto nodal siempre volverá a su punto medio. Lo que hace que este punto se incline más hacia la felicidad o no, a veces también depende del género. Las mujeres son más felices en promedio pero también más vulnerables a la depresión. Depende muy poco de si tienes pareja o no, pues es algo opcional y estarás bien con lo que elijas. Cuando se trata de dinero, todo es distinto. Se percibe como de lo más importante para ser feliz, pero la realidad es otra. La salud supera por mucho al dinero. El trabajo es otro elemento que nos afecta, trabajar llena muchísimo a las personas y más aún si trabajan cerca a casa.
Para maximizar la felicidad se debe diferenciar entre los cambios intencionados y los circunstanciales. Los intencionados son los esfuerzos que se hacen para llegar a una meta al contrario de los cambios circunstanciales denotados como cambiar de casa o de carro. Los intencionados brindan mayor sensación de satisfacción. No obstante, se debe tener un control entre ellos, hallar un término medio que garantice estabilidad.
Finalizo con una frase que demuestra precisamente dónde se encuentra la verdadera riqueza, la verdadera felicidad: “Hay gente tan pobre en el mundo que lo único que tienen es dinero”.



